¿En qué quedará la reforma fiscal?

Como sabrá el lector, estamos ante la posibilidad de cambiar el paradigma fiscal de España, país que, como también sabrá, adolece de unos desajustes terribles en este campo. Así, en nuestro país la imposición directa (fundamentalmente IRPF y Sociedades) es considerablemente elevada y las cotizaciones sociales (lo que paga la empresa por tenerte contratado) lo son aún más. Junto con dichas imposiciones directas, las indirectas (IVA) no son especialmente elevadas en comparación con los países del entorno.

Simplificando muchísimo el análisis, podemos describir sus efectos. Una elevada imposición directa resta demasiados recursos a particulares y empresas que en otro caso habrían sido destinados al consumo en cualquiera de sus formas, tales como la compra de un coche o comer en un restaurante en el caso de un particular, o invirtiendo más en I+D o pagando mejor a sus empleados en el caso de una empresa. Por su parte, unas cotizaciones sociales exageradamente gravosas desincentivan el empleo dado que por cada trabajador no sólo has de pagar su salario sino mucho más, siendo así que el principal coste de una empresa, las nóminas, se engorda demasiado con cantidades que no llegan al trabajador sino a la Seguridad Social.

Aclarado lo anterior describimos muy sucintamente la reforma que la comisión de expertos (con Manuel Lagares a la cabeza) proponen ahora al Gobierno de España y que, al menos por lo pronto, yo secundo. Lo que se propone en definitiva es contrarrestar los perniciosos efectos que acabamos de describir en dos fases. La primera consistiría en bajar la imposición directa para que quede más dinero líquido en las cuentas de particulares y empresas tras el pago de IRPF y Sociedades. Simultáneo a ello, y para compensar la disminución de ingresos, se recolocarían determinados impuestos indirectos (por ejemplo que algo que pertenecía al reducido ya no lo haga) y se elevarían algunos especiales (como gasolina o tabaco). Por su parte, la segunda fase consistiría en bajar las cotizaciones sociales y compensar el descenso con la subida del IVA en un par de puntos porcentuales, equiparándose en el tipo impositivo a los países del entorno.

Como se ve, la reforma iría directamente dirigida a mitigar los dos efectos negativos antes descritos; la primera principalmente enfocada al consumo y la segunda al empleo. Veremos en qué queda.

Por: José María Blanco

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