De Déspotas y Multinacionales

Como ya sabrá el lector, el Parlamento argentino acaba de aprobar la “compensación” de 5.000 millones de dólares por la expropiación que realizó, tan sólo unos pocos años después de su compra, del 51% de YPF arrebatando el control de la misma a la multinacional Repsol. Si tenemos en cuenta que ésta había pagado por su participación en la sociedad más de 15.000 millones de dólares en 1999 (lo que equivaldría a bastante más hoy día de acuerdo con los valores actuales) y que el yacimiento de Vaca Muerta gestionado por la compañía es de los mayores del mundo y su valor económico es de decenas de miles de millones, la “compensación” es mera calderilla.

Una expropiación como esta, sin razón de interés general ni compensación real justa, es una vulneración flagrante del tan conocido desde antiguo principio de la seguridad jurídica. Así, esta noticia da pie a un breve comentario sobre éste.

Por seguridad jurídica ha de entenderse la “certeza del derecho”. La Ley garantiza y asegura (asegurar: hacer seguro) el disfrute de los derechos fundamentales y elimina la arbitrariedad de los poderes públicos o privados que puedan atentar contra ellos. Por tanto, la seguridad jurídica ha de ser asociada conceptualmente a la concreción, previsibilidad y estabilidad del Derecho. Es un principio que ha de regir, radicalmente y sin fisuras, en cualquier Estado que se pretenda garante de las libertades de sus ciudadanos. Sin ella es imposible no caer en la anarquía de la arbitrariedad.

Vinculando la anterior conceptualización al caso que nos ocupa podemos concluir que, acordando operaciones como la expropiación de YPF, Kirchner hace un flaco favor a su país; no sólo ahuyentando a los inversores y al talento extranjero sino horadando el ya maltrecho Estado de Derecho en Argentina. El problema no sólo es económico sino, mucho más importante, filosófico. Una sociedad que no cree en su sistema jurídico (herramienta ordenadora) es una sociedad que no cree en sí misma sino en la ley del más fuerte, desembocando en el autoritarismo, siendo así incapaz de ser equitativa y segura, quedando del todo capada al progreso.

Por: José María Blanco

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